Las fragancias del jardín andalusí de Beautiful Alamedas
El perfume inesperado del agua y del olivo
Ayer, mientras ponía en funcionamiento la fuente de mármol y pasaba por las hojas de olivo, de súbito, llegó un perfume floral.
Pensé que era el agua de colonia que me había puesto en el cuello, pero me di cuenta de que ese aroma sólo aparecía cuando caminaba por ese lugar del jardín.
A veces la Naturaleza me sorprende con esencias que pienso que sólo pueden obtenerse por alquimia. Pero ocurre al revés: es la alquimia la que intenta imitar a la Naturaleza.
Me sucedió algo parecido cuando descubrí el aroma del cantueso mientras paseaba por el monte de encinas de Castronuño una tarde de primavera. El cantueso tiene forma de espiga corta y compacta de color púrpura y, cuando se seca y se aplasta con el puño, desprende un aroma intenso.
El limonero que sobrevivió al invierno
Ayer, mientras seguía trabajando en el jardín (una agradable tarde soleada de marzo), tomé algunas fotos del limonero y sonreí.
Sonreí porque recordé lo que me dijo un matrimonio de australianos que se alojó en Beautiful Alamedas hace unos años.
Entonces, acababa de plantar los dos limoneros y los cuatro naranjos. El hombre comentó que el clima de Castilla y León era mucho más frío que el de Granada o Sevilla. Cuando le dije que aquí pueden caer heladas de hasta diez grados bajo cero, se echó las manos a la cabeza.
Pensó que estaba loca por plantar cítricos en un clima tan adverso.
"Si ese limonero sobrevive, escríbeme", me dijo.
Lo cierto es que el limonero ha sobrevivido. Los dos primeros años lo protegí con mantas, y este invierno apenas ha habido heladas.
El aroma del Paraíso en el jardín andalusí
Hace dos años llegó otro matrimonio que tiene un cortijo en Córdoba. Les gustó la idea de haber creado un pequeño jardín andalusí en plena Castilla.
Ella cortó una hoja del limonero, la dobló en su puño y me invitó a olerla.
Como el árbol estaba recién plantado, yo nunca había probado a aplastar una hoja entre los dedos.
Ayer hice lo mismo. Cogí una hoja, la estrujé suavemente en el puño y volví a sorprenderme por los aromas que un limonero puede atesorar.
No sé muy bien cómo describirlo: quizá como mantequilla con limón o como una ambrosía. El aroma del limón me llevó por un instante al Cielo. Casi lo pude degustar.
El jardín hispano-árabe es un jardín de deleites en el que participan los cinco sentidos:
- La vista, con la hermosura de la vegetación
- El oído, con el rumor del agua
- El gusto
- El tacto, al acariciar el agua
- El olfato, con los aromas del paraíso
El antiguo corral convertido en jardín
Mis abuelos antes tenían aquí ganado; conejos, vacas y gallinas.
Mi abuela, nada más levantarse, salía al corral a dar de comer a las gallinas. Y siempre estaba en oración.
Había varios edificios pequeños y separados unos de otros. Uno para los conejos y otro para las gallinas y eran todos bajitos, y entre ellos había una especie de calle y tenía algo de cuento de hadas.
Me pregunto qué dirían al verlo ahora convertido en un jardín con fuentes y vegetación que invita a la oración. Seguro que pensarán que he seguido su camino. Y sonreirán.