Gracias a la alta calidad de sus viñedos, muchas internacionales y prestigiosas bodegas se han establecido en las tierras pertenecientes a la D.O. Toro, como Liberalia, donde os podemos guiar y enseñaros los viñedos y la bodega.
Esta foto retrata un típico racimo de de la variedad de uva "Tinta de Toro". Es la una "Tempranillo", pero llamada "Tinta de Toro" porque crece en las tierras pertenecientes a Toro y Zamora. Es un tipo de uva muy aromática y tiene este típico color rubí. Por esta razón, proporciona a los vinos una gran calidad y envejecimiento duradero.
Una bonita vista de las "Bodegas Fariña" en Toro.
Estas impresionantes fotos están hechas desde el mirador de "El Espolón", al lado de "La Colegiata", la masiva catedral de Toro.
A lo largo de 18 kms, la vasta área se extiende hasta Castronuño. Y, desde Castronuño podéis ver Toro (por la noche, como una llamarada).
Esta fértil vega del río Duero hace crecer innumerables huertas y viñedos.
Esta es la catedral de Toro, llamada "La Colegiata". Como Castronuño, Toro está en la cima de una montaña y desde el mirador de "El Espolón" se pueden ver los bosquetes de chopos, álamos, pinares, el río, caminos y carreteras. Todo, como si fuera una maqueta. Como un pequeño nacimiento. "La Colegiata" fue construida en el siglo XII.
Una vez que uno entra en "La Colegiata" tiene la sensación de que es muy pequeño... Las columnas son colosales.
Los alrededores de "La Colegiata". Esta foto recuerda un pueblo italiano.
Este lugar es uno de los más bonitos. Este pequeño jardín está muy bien cuidado y limpio. Tiene olivos, crisantemos y plantas parecidas a los mangles. Los edificios medievales restaurados se ven al fondo y "La Colegiata" está a la izquierda (aunque no salga en la foto).
La tienda de cerámica y piedra trabajada a mano es uno de los lugares donde el Románico se sigue tallando.
Todos estos alrededores pertenecen al barrio de "La Judería". Está construida a base de callejuelas estrechas y empedradas, y balcones voladizos. Todo está muy bien conservado. Las casas tienen los entramados típicos de madera, ladrillo y adobe.
Los judíos solían ser curtidores de piel, sastres, zapateros o prestadores de dinero. Usualmente se dedicaban a la artesanía y trabajaban con las manos. Eran orfebres competitivos que modelaban el cuero, el vidrio o la forja.
El barrio judío era el lugar donde los judíos vivían por ley. De este modo, preservaban la unidad y exclusividad y huían de la intolerancia practicada por los cristianos.
Estos barrios normalmente se circundaban por muros y sus puertas se solían cerrar a la puesta del sol.
Desde la mitad del siglo XIII, los judíos se convirtieron en vasallos de la corte castellana a cambio de protección. Pero este hecho no fue aprobado por los castellanos. De este modo, las hostilidades fueron creciendo hasta 1.312 cuando la "solución final" empezó a ser planeada y muchos de ellos se tuvieron que convertir forzosamente. Al final del siglo, mataron masivamente a los judíos y esto provocó su dispersión.
Toro sigue siendo el centro comercial de los pueblos de alrededor. Encontraréis muchos comercios pequeños donde el trato es familiar y agradable y, los productos, de la mejor calidad.
Váis a encontrar tiendas donde podéis comprar vinos de la D.O. Toro, lemgumbres; lentejas, garbanzos, alubias, espárragos, otras especias y... ¡¡Chocolate!!
Tiendas de productos delicatessen las veréis en la "Plaza Mayor" donde también venden vinos de la D.O. Toro junto con otros productos locales.
Jamón, salchichón, chorizo, paté, aceite de oliva, geles y jabones de aceite.
Dentro de los soportales.
Toro es el lugar perfecto para tapear:tortilla de patata, croquetas, pulpo, chorizo al vino, calamares fritos, canapés variados y otras delicias
Venid y disfrutad de nuestra gastronomía!!
Os están esperando... :-)
Terrazas en la "Plaza Mayor".
Esta foto pertenece al restaurante "La Fragua". Ha reabierto sus puertas en Toro después de estar considerado el mejor restaurante en Valladolid durante tres décadas. El señor Garrote ha decidido abrirlo en Toro por la variedad de los vinos de la D.O. Toro. Los deliciosos platos tradicionales se cocinan a fuego lento.
Esta foto pertenece al convento de "Sancti Spiritus" donde las monjas Dominicas viven y trabajan.
Podéis visitar el museo.
Otra estancia del convento.
Y aquí las tenemos trabajando y preparando las deliciosas bolas de mazapán y otras especialidades de almendra. Siempre pienso que todas las monjas del planeta son listas porque saben hacer mucho con pocos recursos.
Aquí tenéis un ejemplo de su saber hacer.
Yo puedo comerme la caja entera... en sólo una hora..
"EL DIOS DE LAS PRADERAS VERDES" - NOVELA - MARÍA JOSÉ CELEMÍN
"En verano, Graciosa Jerusalén amanece soleada y fresca. Los conventos irradian el recogimiento del interior y algunas mujeres entran en las iglesias para escuchar la misa de la mañana. La oscuridad de la noche ha dejado frescor y las calles estrechas y empedradas, jalonadas de edificios pétreos y conventos del medioevo, la conservan hasta un poco antes del mediodía. Volando por las comisas hay ruiseñores que besan el aire. Silbidos celestiales. Melodías en el azul.
Había cerrado con cuidado el portón para que la aldaba no hiciera ruido ni chirriasen las bisagras y despertasen a Amancio, que aún dormía.
Había dos pinos ciclópeos entre la fachada del hotel Vancouver y el parterre. A esa hora, con el sol de oriente por detrás, alargaban su sombra hasta los últimos arriates de flores. Tenían las dimensiones de las secuoyas y la forma cónica de un árbol de Navidad. Extendían las ramas en un perímetro tan ancho que no se podía entender cómo se podían sujetar en horizontal sin ceder a la ley de la gravedad. Eran como el manto protector de Jesucristo pacificando el mundo.
Se sentó en uno de los bancos de piedra: como patas, tenía capiteles jónicos de piedra, y carecía de respaldo. Eran como los Toros de Guisando, pero más bajitos. Estaba junto a uno de los troncos y daba la impresión de tener un edificio más al lado, o uno de los pilares del interior de la catedral. Tenía la casa de Amancio frente a ella. El mirador de “Franica” quedaba a su espalda. Examinaba la coqueta casa de Amancio; la fachada del piso bajo con sillares de piedra, como los de las iglesias y la ventana enrejada a la derecha del portón de doble hoja, que iluminaba el interior del zaguán.
Al duende, la casa de Amancio, le parecía de muñecas, y trepaba con la vista la fachada. Amancio había cubierto la pared del segundo piso con ladrillos que imitaban al adobe y, en la mitad, había abierto un balcón con un saledizo rectangular y barrotes de hierro forjado; había colocado dos macetas y una persiana enrollable nueva que asemejaba a una de las antiguas. Desde el exterior, se veía la mesa de madera y una lámpara que colgaba del techo con la forma de un plato hondo puesto del revés. Luego y, encima y a la mitad del tejado, había construido un tercer piso, de techos más bajos y, de pared a pared, había empotrado cinco ventanitas cuadradas, unidas por maderos; bajo las ventanas, había colocado macetas con petunias y otras plantas aromáticas: era allí dónde Amancio se despertaba cada mañana y dónde, la noche anterior, se habían amado. El sol de oriente inundaba aquella habitación, desde la que se podía contemplar con privilegio la formidable panorámica que alcanzaba, desde la barandilla de hierro del mirador de “Francia”, más de veinte kilómetros; y toda aquella vega del río se exhibía desde lo alto como un belén de Navidad, con el río jalonado por frondosas alamedas y bosquetes de sauces y álamos, pinares y algún pequeño encinar. Las carreteras se veían como en una maqueta a pequeña escala. Había, también y salpicadas, algunas casas de labranza y naves para el grano y el ganado. Y la vista se pierde en un horizonte entre azul y blanquecino, como en un océano, a veces, brumoso. Y, cerrando los ojos, se escucha el río saltar por el puente que lo atraviesa y se oye igual que un mar con olas".
El Dios de las Praderas Verdes (capítulo trigésimo segundo, primera parte)