COCINA DE LA PLANTA BAJA
La cocina de la planta baja tiene horno, vitrocerámica, lavadora, lavavajillas, microondas, campana y frigorífico.
En ella está una de las mesas con cuatro sillas. La foto de la izquierda está tomada desde la puerta que abre al patio de luces.
En la alacena y en el resto de los muebles tenéis de todo: varias vajillas; vasos; diferentes juegos de tazas; sartenes; cacerolas; ollas; cubertería y utensilios (espumaderas, batidora, cafetera, cuchillos, coladores, ralladores de queso, tablas de partir, bandejas, jarras, platos para poner snacks y otros).
Hay también una batidora grande (la que se ve en la foto de la derecha) y una tostadora. También, además de la cafetera tradicional, tenéis una máquina para hacer capuchinos. Tenéis aceite, vinagre y sal. No hace falta que vengáis cargados con ello.
Sólo tengo un objetivo: que disfrutéis en compañía de un rato cocinando vuestros platos favoritos 
Para vosotros, con amor...
María José Celemín 
"EL DIOS DE LAS PRADERAS VERDES" - NOVELA - MARÍA JOSÉ CELEMÍN
"El cuarto de Isidro (el último de los dieciséis hermanos que había abandonado la casa de los padres de María) se escondía detrás de la habitación de Salvador. Sin ventanas, se dejaba presidir por un imponente cuadro con el fondo negro y un Cristo ensangrentado y moribundo. Y, contigua a la habitación de Isidro y finalizando el pasillo, habían hecho una pequeña despensa donde María colgaba jamones y algunas vueltas de chorizos cuando hacían matanza. Había también unas ollas de barro vacías y unos baldes con una greca amarilla que se usaban para amasar la carne picada; la condimentaban con orégano y pimentón y la dejaban reposar un par de días antes de meterla en las tripas. También servían para hacer la masa de las magdalenas, que luego llevaban al horno de la panadería. El interruptor de la luz era un colgante de plástico blanco en forma de pera con un botón de encendido en la punta; y, sobre un clavo largo, María colgaba la lechera de metal con mango de madera y la bolsa del pan. Y, frente a la puerta, habían colocado un baúl como el de un barco pirata, hecho con piel de vaca; y allí había más ropa y retales. Sobre él, María había colgado un calendario de 1975 que tenía pintado un Jesús de Nazaret del mismo semblante que el de la entrada, aunque éste era más grande y su túnica era marrón; sus cabellos dorados; sus ojos celestes; y sus dedos esbeltos y afilados bendecían de nuevo. Un corazón en mitad del pecho estaba atravesado por una flecha; y tres lágrimas rojas habían brotado y parecían salirse del grabado".
El Dios de las Praderas Verdes (capítulo cuarto, primera parte)