"EL DIOS DE LAS PRADERAS VERDES"

"El Dios de las Praderas Verdes" es una búsqueda de dentro hacia afuera; un recorrido del espíritu que transita desde la inocencia de la niñez al desengaño y al dolor, y que termina con el descubrimiento de la verdad que Victoria de forma inconsciente persigue a lo largo de la novela.

La finca de sus padres se manifiesta como un espacio teofánico, casi sagrado y de protección donde ella, como una persona altamente sensible, se siente "a salvo"; pero la traición de la amistad de la infancia y del primer amor, y la aparición de un Dios ajeno e impuesto la lleva a perder la conexión con su Dios interno y con ella misma.

Es en Nueva York donde, de nuevo, se encuentra con la niña que fue, con su inociencia, su fuerza; con la tomboy, la mujer salvaje, con sus genuinas habilidades, y... con Dios. Sin embargo, algunos acontecimientos ajenos a su voluntad la obligan a regresar a España...

La lectura de "El Dios de las Praderas Verdes" no ha dejado indiferente a nadie y se ha manifestado como una búsqueda para el propio lector y una guía vital con claves existenciales.

"El Dios de las Praderas Verdes" fue escrito en el desván de la casa rural y la antigua casa es el escenario donde se desarrollan los primeros capítulos de la novela; el río; la reserva natural; la finca de los manzanos forman parte de ese espacio artístico y teofánico de protección...

 

    "Deslizándose por aquella canícula; sobre los maizales y el carrizo. Allí estaba Dios. El Dios que amanecía con ella. Y El que le hablaba a través de su padre: de la Naturaleza; de los árboles frutales; de la poda; de la recolección y el riego. De los valores. De la Honradez. De la Humildad. De la Bondad….

Era el Dios que vagaba discreto, como un rumor escondido. Oculto, pero real, serpenteando al compás de aquella bruma. Con un disfraz de media noche. Encarnando el propio río. Era el Dios de los Primeros Tiempos. De Los Primeros Amaneceres. De los Sueños Posibles y de las Utopías Realizables. El Dios del Amor. El de la Humanidad. El de lo Verdaderamente Humano. El de la Sensibilidad y la Ternura. El Dios de la Compasión. De los Afectos. De la Comprensión y de la Empatía. El Dios de la Ilusión. El de la Fuerza y el Coraje. El Dios de la Valentía. El Dios de la Espesura y de la Hermosura. El Dios de los Corazones. El de la Infancia...

Todo aquello era Dios. Eran los tiempos en que Victoria confiaba en que, de mayor y pronto, el hambre en el mundo se pasaría y todo se arreglaría para bien porque para eso había Tanta Belleza y Tanto Amor. Era tan fácil. Porque por eso y para eso estaba allí Dios, el Dios Todopoderoso...

  ...El Dios del Amor...

…El Dios de las Praderas Verdes."