You can visit us at "Las Balsas". "Las Balsas" is an organic farm from our property. Our grand-mother, who used to live in the "Beautiful Alamedas" house, bought this farm 80 years ago. Firstly, those lands were cultivated of cereals. On the 80s, our father (her son); my brother and I (being just two four and six year old kids) planted 400 fruit trees, mainly apple trees, but also you will find pear, plumb, and peach trees; vines, one old and huge walnut tree, several fig trees, and and a hazelnut tree by the water spring.
After my grand-parents passed away, my father has followed growing the organic vegetable garden. In the middle of July begins the "festival of tomatoes" (this is as I used to called the vegetable garden in bloom); the vegetable garden makes grow in summer tomatoes; egg plants; red and green peppers; zucchinis; onions; lettuces; carrots and more. Last tomatoes, peppers and egg plants grow until the end of October, and when first early-morning frosts begins by November, when leeks, cabbages, red cabagges and escaroles grow. Yet, by March we enjoy last apples and potatoes.
There are one mile between the rural house and "Las Balsas" farm.
The harvest season begins in the middle of September, however, pears are already ripe in the middle of August.
By the middle of July, the vegetable garden is full of tomatoes, egg plants, carrots, artichokes, peppers, lettuces, cabbages, cauliflowers, potatoes, and zucchinis.
Many visitors make the choice of picking up ripe vegetables and fruits by themselves. But, both choices are avalaible since we can do it for you and carry it to the house. Both ways, you will enjoy freshness of just picked organic products.
We have put hens and we can eat their fresh and organic eggs, which flavor is delicious.
COME AND ENJOY!
"Eran las siete. El silencio de la noche, minutos antes, lo había llenado todo. En verano, en la finca de Sebastián, cada amanecer rasgaba el paño oscuro y el resplandeciente del día, y lo dividía en dos. Y, cada vez que lo hacía, ponía en escena un ritual de inquietantes sonidos y colores misteriosos. Como si fuese el primer despertar en la Historia de la Tierra. Parecía que la oscuridad pariese al día con un doloroso empeño.
La vegetación, abundante y frondosa, todavía umbría, aún pertenecía a los sueños de las sombras. Y en aquella calma, casi nocturna, irrumpían los espantosos chillidos de las solitarias garzas imperiales. Y un sol de colores naranja y teja emergía en el horizonte tras el gran nogal, pintando un telón de fondo rojizo.
La intrincada enramada recortaba el aire quieto: exóticas hojas de melocotoneros, alargadas y puntiagudas, se organizaban como vistosos sombreros de plumas; ciruelos; cerezos de troncos parduscos; inmensos perales y robustos manzanos; varios avellanos y albaricoqueros. Una vid, que había gateado y engullido una estructura de hierro forjado enmarcaba la ventana de la habitación de Victoria. Desde su interior, en la cama, contemplaba aquel Paraíso.
Al rato, cuando el sol se alzó, ya reluciente, por encima del gran nogal, los pequeños y panzudos carboneros de piquitos afilados y diminutos ojos redondos como bolitas de caviar, anunciaron, jubilosos, el milagro del alba. Parloteaban para sí mismos. Prosiguieron los modestos ruiseñores y las coquetas oropéndolas; las orgullosas golondrinas y los chiquitines y afelpados mitos como croquetas de patata con morritos puntiagudos y patas diminutas; enanitos del cielo que lanzaban besos al aire. Mirlos y gorriones. Petirrojos como buñuelos; de barrigas níveas y esponjosas y pechos anaranjados. Dibujaban en el aire las guirnaldas de una ornamental y grandiosa tarta de nata.
Una boda en el cielo".